sábado, noviembre 21, 2009

Nuestro calvo divino

Recuerdo la primera vez que oí la posibilidad de que Iván de la Peña jugase en el Espanyol. Corría el verano del 2002 y veníamos de hacer otra más de esas campañas tan mediocres a las que tan acostumbrados estamos los pericos. En concreto, habíamos acabado el campeonato en un tristísimo catorceavo puesto tras perder en casa la última jornada frente al Málaga, en lo que vino a significar además el adiós de Paco Flores en el banquillo españolista. Aquella, no fue sino otra de esas temporadas en las que tras su finalización, uno soñaba despierto con la posibilidad de que, esta vez si, el club acertara de una vez por todas con ese “Crack” que jugara e hiciera jugar al equipo y que tanta falta nos hacía. Y de pronto, sonó el nombre del calvo.

La verdad, y pese a que quería hacerlo, al principio no me lo creí en absoluto. Iván, y pese a su pasado culé, era uno de esos jugadores a los que yo admiraba, pues siempre había visto en él ese “algo especial” que lo hacía distinto a los demás. No en vano, ya en su día fue el propio Ronaldo (el gordito) quien dijo que de todos los jugadores con los que había jugado, el calvo era, sin duda, con el que mejor se había entendido dentro del campo. Por eso, y aunque viniese de un periplo no muy exitoso tras su salido del Barça, que incluía Lazio, Olympique de Marsella, retorno al Barça y vuelta a la Lazio de nuevo, no acababa de creerme que un jugador de ese nivel, y que por esa época contaba con 26 años de edad, pudiese acabar vistiendo nuestra camiseta.

Y, efectivamente, durante muchas semanas aquello no fue más que una de esas típicas serpientes de verano en las que, al final, todo se va al traste. Sobre todo, porque llegados a la última semana antes del inicio de la liga (y por tanto asimismo del cierre del mercado de fichajes) Iván parecía tener los dos pies en el Betis. Pero cuando menos se esperaba, el asunto dio un giro de 180 grados y el día 27 de agosto se publicaba en la prensa que el jugador rechazaba la oferta bética y que podría fichar por el Espanyol. Y apenas dos días después, y para mi sorpresa, Iván pisaba el césped de Montjuic con la elástica blanquiazul.

A partir de ahí, todos sabemos la historia. Un gran primer año (pese a la desconfianza inicial de algún que otro entrenador) y que tuvo, curiosamente, a Javier Clemente como su gran valedor. Después vino la no renovación, su repesca en el mercado de invierno y una segunda vuelta excepcional (en la que gracias a la sociedad que formó con Tamudo dentro del terreno de juego conseguimos salvarnos del descenso), el primer año de Lotina, la copa del Rey, la Uefa, la impresionante primera vuelta de la 07/08 y, cómo no, los últimos diez partidos de la temporada pasada, en la que un Iván recuperado fue una de las piezas claves de nuestra milagrosa salvación. Antes, además, nos había regalado una de las noches más felices que cualquier perico puede recordar.

Sin embargo, y como no puede ser de otra manera en el Espanyol, siempre hay un “pero”, y en este caso no es otro que el de sus innumerables lesiones. Que Iván se lesiona más que juega es algo que, en las últimas tres temporadas, no se puede cuestionar. Los números son inapelables y cantan por si solos. De hecho, recuerdo como este mismo verano, y cuando el club estaba tratando su renovación, dejé un comentario en P.O.L. diciendo que yo la vería bien, por supuesto, pero que me gustaría un contrato por partidos jugados. Ojo, siempre y cuando los no jugados lo fuesen por esas malditas lesiones musculares de las que tanto recae, nunca por otros motivos. Eso sí, no fue más que un comentario de cómo veía yo la cosa, pues dudo mucho que un futbolista pueda llegar a firmar un contrato similar, aunque sí es cierto que han habido futbolistas que, en situaciones similares, renunciaron a su sueldo mientras estuviesen lesionados, uno de ellos incluso en el Espanyol, pero eso ya es otra historia.

Y es que no sé si la ficha de Iván será la primera, la segunda o la quinta de la plantilla, pero lo que sí me imagino es que será alta, y mucho más, si se divide por partidos jugados. Que tener a Iván en nuestra plantilla es un lujo es algo que no se le escapa a nadie pues, en condiciones, sigue siendo uno de esos futbolistas por los que vale la pena pagar una entrada, pero el problema es que no lo está, por lo que nos encontramos con que uno de los puntales del equipo, no puede apuntalar al mismo. Y eso, por más que nos pese, es también otro lujo que el Espanyol no se puede permitir.

Por eso, mucho me temo que ésta que está en juego será la última temporada que podamos disfrutar de la magia del calvo defendiendo nuestros colores, ya que, a pesar de que aún le quedaría otro año más de contrato, dudo mucho que si no alcanza a jugar ni tan siquiera una tercera parte del campeonato (camino lleva de ello) tengas fuerzas, ya no físicas sino mentales, para intentarlo la próxima campaña.

En cualquier caso, y llegado el momento de su adiós, sea cuando sea, siempre lo consideraré como uno de los mejores jugadores a los que, por mi edad, he visto jugar en el Espanyol. Hasta entonces sólo espero que se recupere lo antes posible y que, en los partidos que pueda acabar jugando esta temporada, nos deleite como ha hecho casi siempre.

Ánimo Iván, somos muchos los que, impacientes, esperamos tu regreso.

jueves, noviembre 19, 2009

Por sus trampas los conoceréis

Dicen que el fútbol es de listos, y yo estoy completamente de acuerdo. De listos, ojo, que no de tramposos, que no es lo mismo. Para mi, ser listo en el fútbol es hacer, por ejemplo, lo que hizo Tamudo en la final de la copa del Rey del año 2.000 frente al Atlético de Madrid.

Una cabronada si, pero legal, o por lo menos lo era entonces, porque creo que ahora eso ya no se puede hacer. Ser tramposo es, en cambio, hacer lo que por ejemplo hacen otros a los que luego, encima, se les denomina grandes jugadores.

Tramposo 1


Tramposo 2

Y es que, visto está, Dios los cría y ellos se juntan. Ahora, sólo espero que ya que Messi se fue de rositas en la liga española, pese a su flagrante intento de manipular la misma con sus artimañas, la FIFA no sea tan benevolente y, por el bien del fútbol, y ya que el partido no se va a repetir, para desgracia de los irlandeses, imponga a Thierry Henry una sanción lo suficientemente dura para que, la próxima vez, ningún futbolista salvo el portero piense que jugar con las manos sale gratis.

(Si, yo tampoco me lo creo)

jueves, noviembre 12, 2009

Fiebre en las gradas

Ha sido el quinto libro relacionado con el fútbol que me he leído en los últimos tiempos pero el primero que no tiene absolutamente nada que ver con el Espanyol. De hecho, y por no tener, tampoco tiene nada que ver ni con nuestra liga, ni con nuestra época, pues la historia no es otra que la vida de un seguidor del Arsenal (contada por él mismo) entre 1968 y 1992 y que si ha caído hace relativamente poco en mis manos ha sido gracias a una reedición. Una historia que, pese a que el título del libro pudiese llevar a engaño, no trata de violencia ni hooliganismo, si bien, y cómo no podía ser de otra manera teniendo en cuenta en los años en que está ambientado, si que pasa en algún momento sobre los orígenes de la violencia en el fútbol inglés. Pero no, el título del libro viene determinado por la pasión del autor, Nick Hornby, en pos de las andanzas de su equipo. Y es ahí, en donde uno ve que, ya sea en la liga inglesa o en la española, en los setenta o en los noventa, somos muchos los aficionados que estamos cortados por un mismo patrón. Y si no, baste como ejemplo estos cuatro párrafos elegidos casi al azar (pues podría haber puesto cualquier otro) para demostrarlo. El primero es de cuando comenta la posibilidad de tener un hijo que le salga seguidor de otro equipo, una de las pesadillas de todo buen padre futbolero:

“Cuando considero la posibilidad de ser padre, soy consciente de que me entra un miedo cerval si se me ocurre pensar en este tipo de traición. ¿Qué haría yo si mi hijo o mi hija decidieran, a los 7 u 8 años de edad, que su padre está loco, y que el Tottenham o el West Ham es el equipo de sus amores? ¿Cómo pasaría yo ese trago? ¿Haría lo que ha de hacer un padre decente, es decir, aceptar que mis días en Highbury están contados, y comprar un par de abonos para ir a White Hart Lane o a Upton Park? No, ni de broma. Bastante infantil soy yo cuando hablamos del Arsenal, y difícilmente podría acceder a los caprichos de un niño. Le explicaría por el contrario que, aunque sin duda respetaría cualquier decisión de ese tipo, si tanto desea ir a ver a los suyos tendría que ir por su cuenta, con su dinero, bajo su responsabilidad. A ver si así se entera el mocoso de lo que vale un peine”.

Tampoco tiene desperdicio cuando habla del intento de muchos dirigentes por cambiar la fisonomía de la grada, aunque esto, y pese a que es algo que todavía se puede ver hoy en día, habría que contextualizarlo en la compleja realidad social de la Inglaterra de los setenta y ochenta:

Los grandes clubs parecen estar hartos de sus hinchas de base. En cierto modo, ¿quién podría echarles la culpa de eso? Los jóvenes varones de la clase obrera, de clase media baja, suelen traer de la mano un complejo y a veces inquietante conjunto de problemas propios; los presidentes y los consejeros podrían sostener que dispusieron de una ocasión y que la echaron a perder, e incluso que las familias de clase media -el nuevo público al que se quiere traer al estadio- no sólo se portarán como es debido, sino que además pagarán mucho más para hacerlo. Este argumento tiende a pasar por altos ciertas cuestiones capitales sobre la responsabilidad y la justicia, así como que los clubs de fútbol tengan o no un papel que desempeñar en la comunidad a la que pertenecen. Pero es que aun cuando no se tengan en cuenta estos problemas, a mí me da la impresión de que en todo el razonamiento se esconde un defecto fatal. Parte del placer que se tiene en estadio de fútbol es un mezcla de lo indirecto y lo parasitario, ya que a menos que uno esté en el Fondo Norte, o en el Kop si uno es hincha del Liverpool, o en Stretford End si el equipo de sus amores es el Manchester United (1), confía plenamente en que sean otros los que aporten el ambiente, y el ambiente es uno de los ingredientes clave de la experiencia futbolística. Estos inmensos fondos son tan vitales para los clubs como para los propios jugadores, no sólo porque los ocupantes de los fondos manifiestan sonoramente su apoyo incondicional al equipo, no sólo porque proporcionan al club cuantiosas sumas con cada partido (aunque estos factores no sean ni mucho menos desdeñables), sino sobre todo porque sin su concurso nadie se tomaría la molestia de ir al campo. (…) ¿Quién pagaría por una tribuna si el campo entero estuviese lleno de ejecutivos? El club vende las entradas de tribuna y de palco con la condición de que el ambiente es gratis, por lo cual es lícito pensar que el Fondo Norte ha generado tantos ingresos como cualquiera de los jugadores. ¿Quién se va a ocupar del ruido a partir de ahora? ¿Seguirán yendo al campo los chavales de clase media, con sus padres y sus madres, si son ellos los que tienen que generar el ruido y el ambiente? ¿No tendrán la sensación de que les han timado? Efectivamente, así las cosas el club les habrá vendido entradas para un espectáculo cuyo mayor atractivo ha sido eliminado precisamente para dejarles sitio a ellos”.

1 (Salvando las distancias, esto vendría a ser como nuestra Curva para entendernos)

El tercer párrafo a señalar, es de cuando el autor habla del placer de ser un hincha:

“Hay una cosa que tengo por segura en esto de ser un hincha: no se trata de un placer indirecto, a pesar de que todo parezca indicar lo contrario. Los que digan que prefieren jugar, en vez de ir a ver un partido, yerran por completo. El fútbol es un contexto en el que ver se convierte en hacer, y no en el sentido aeróbico del término, ya que ver un partido, fumar como un descosido mientras dura el encuentro, beber después del partido, comer patatas fritas en el camino de vuelta a casa, seguramente son actividades que no te harán ningún bien, como se supone que si lo hace el corretear de un lado a otro del campo. Pero cuando se da un triunfo de uno u otro tipo, el placer no irradia de los jugadores a los hinchas, no llega de forma pálida y aminorada hasta los que estamos al final de las gradas; nuestra diversión no es una variante aguada de la diversión del equipo, por más que sean los jugadores los que marcan los goles (…) Cuando se produce una derrota desastrosa, la tristeza que se apodera de nosotros es, en efecto, una forma de autocompasión. Todo el que aspire a comprender de qué manera se consume el fútbol tiene que entender esto antes que ninguna otra cosa. Los jugadores no son más que nuestros representantes, elegidos por el entrenador y no designados por nosotros, a pesar de lo cual siguen siendo nuestros representantes (…) Soy parte del club tal y como el club es parte de mí, y lo digo a sabiendas de que el club me explota, de que no tiene en cuenta mi punto de vista, de que a veces me trata como a un cero a la izquierda, de manera que mi sentimiento de conexión orgánica con el club no tiene nada que ver con la tozudez, la confusión y otros malentendidos sentimentales en torno al funcionamiento del fútbol profesional. Aquel triunfo en Wembley (Copa de la liga 86/87) me perteneció a mí tanto como a Charlie Nicholas (jugador) o a George Graham (entrenador), y me lo trabajé tan a fondo como ellos. La única diferencia que hay entre ellos y yo estriba en que yo he invertido más horas, más años, más décadas que ellos, y por eso comprendo mejor qué sucedió aquella tarde. Por eso aprecio con más dulzura por qué sigue brillando el sol cada vez que lo recuerdo”.

Y el cuarto y último párrafo que quiero destacar, es uno que me viene realmente bien, pues, como en todo tipo de adicción, y el fútbol está claro que lo es, siempre es bueno ver que hay otros que están mucho más enganchados que tú, lo que, sin duda alguna, le sirve a uno para aliviar en parte, sólo en parte, el remordimiento de culpa por las muchas tonterías cometidas a lo largo de los años por este vicio:

“A medida que envejezco, la tiranía que ejerce el fútbol en mi vida, y en la vida de las personas que me rodean, empieza a ser menos razonable, menos atrayente. Los familiares y amigos saben de sobra, tras largos años de agotadora experiencia, que el calendario de los partidos es el que tiene la última palabra en cualquier cita que podamos convenir; entienden, o aceptan al menos, que los bautizos, las bodas y cualquier otra reunión semejante, que en otras familias serían prioridades incuestionables, conmigo sólo se pueden fijar tras la debida consulta. (…) He recibido invitaciones de boda que muy a regañadientes, pero de forma inevitable, he tenido que rechazar, si bien siempre me esmero en aducir una disculpa socialmente aceptable, relacionada con problemas familiares o dificultades laborales: “Jugamos en casa contra el Sheffield United” no sería una excusa apropiada en tales situaciones. Además, hay que tener en cuenta los imprevisibles desempates de las eliminatorias de Copa, los partidos entre semana, los partidos que pasan del sábado al domingo sin previo aviso,…….Y así tengo que declinar invitaciones que coinciden con un hipotético partido, así como las que coinciden de hecho con un partido de verdad”.

En resumen, creo que es un libro ameno, divertido y que, pese a los años que hace que se escribió, sigue plenamente vigente y es más que recomendable para todos los amantes del fútbol. En especial, para aquellos que pensamos y sentimos que el fútbol, y más que el fútbol nuestro equipo, no son sólo los 90 minutos que dura un partido, sino que es algo que va más allá. Mucho más allá.

jueves, noviembre 05, 2009

Nené

Fue la segunda temporada tras nuestro último ascenso, cuando en la previa a un derbi jugado en enero del 96 se produjo un cruce de declaraciones entre el jugador rumano del F.C. Barcelona, Gica Popescu, y el de Espanyol, Sebastián Herrera. Popescu, vino a decir que el Espanyol ya había tocado techo en cuanto a resultados y clasificación en aquella campaña (el Espanyol llegaba al derbi siendo segundo y con tres puntos de ventaja sobre el F.C. Barcelona) a lo que Herrera respondió al ser preguntado por las palabras del rumano con un irónico ¿quién es este? Al día siguiente, Popescu, al ser requerido por la prensa, dijo textualmente: “La primera vez que oí su nombre (el de Herrera) fue al llegar al campo. Los compañeros me preguntaron si había leído sus palabras. No sabía quién era Herrera. Me han dicho que es el central del Espanyol y que lo único que ha hecho es bajar con los cuatro equipos que ha jugado. Creo que ya he dicho bastante”.
(Texto extraído de la hemeroteca del Mundo Deportivo)

La verdad, y aun siendo un dato real, ya que Herrera descendió con Mallorca, Burgos y Lleida (desconozco cuál era el 4º equipo que se cita en la información) lo cierto es que aquello me sorprendió, pues me pareció de una bajeza tremenda el atacar de esa manera a un compañero de profesión (casualmente criado en C’an Barça) teniendo en cuenta además, de que la culpa de un descenso no la tiene nunca un solo jugador, sino que es cosa de todo el equipo.
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Cuando poco antes del cierre del mercado de fichajes conseguimos la cesión de Nené para suplir a Riera, no lo acabé de ver claro. Por un lado, sabía que traíamos a un jugador de gran técnica individual y bastante hábil en la suerte del regate, pero por el otro, que también era un jugador al que siempre le faltó “algo” para acabar de triunfar en la liga española e incluso en la francesa, de ahí, su cesión por parte del Mónaco a última hora. Y es que, y pese a su habilidad personal, el brasileño contaba en su debe con dos enormes losas que podían lastrarle en exceso, como eran el haber bajado de forma consecutiva con Alavés y Celta antes de irse a Francia, por lo que no estaba seguro de que fuese un jugador mentalmente preparado para un equipo como el Espanyol, tan habituado en los últimos años a tener que pelear por no bajar.
Sin embargo, y pese a los pésimos precedentes, o tal vez justo por eso, Nené se acabó convirtiendo en una de las piezas claves de la milagrosa salvación del Espanyol. De hecho, cada vez que lo veía encarar a un contrario, tirar una falta o jugársela desde el punto de penalti, en una situación tan crítica como la que estábamos en el tramo final del campeonato, pensaba en lo que tenía de meritorio la asunción de tanta responsabilidad por parte del jugador de la plantilla al que, probablemente, menos perjudicaba un hipotético descenso del Espanyol. No en vano, él estaba cedido con nosotros y, pasara lo que pasara, seguiría jugando en un equipo de primera al año siguiente. Claro que quizás, a lo que no estaba dispuesto Nené era a pasar por tercera vez, tal y como le ocurrió a Herrera en su día, por el amargo trago de bajar a segunda (de lo peor que le puede pasar a un futbolista) y de ahí, su especial hincapié en luchar porque eso no sucediera.
Al final, la historia sabemos cómo acabó. El Espanyol se salvó y Nené se revalorizó, lo que hizo imposible que el club pudiese contratarlo. Normal, y más si tenemos en cuenta que su excepcional rendimiento en el tramo final de la liga pasada no quedó ahí, sino que hoy en día aún continua, siendo por ahora el máximo goleador del campeonato galo con 9 goles en las diez u once primeras jornadas, lo que de paso, ha aupado al Mónaco a la parte noble de la clasificación.
Y yo, visto lo visto, he de decir que me alegro por él, pues en los pocos meses que estuvo en el Espanyol, demostró un compromiso hacía nuestros colores muy por encima de lo que, dada las circunstancias, algunos hubiésemos podido imaginar.

Por eso, muchísimas gracias Nené. Fue un placer (y una suerte) el tenerte con nosotros la temporada pasada. Ojalá, te siga yendo todo tan bien como hasta ahora.
(Post editado tras el preciso comentario de PERICODELMASNOU, en el que acierta de lleno en el autor de aquellas declaraciones. Que lujo el tener unos lectores tan apañaos).

miércoles, octubre 28, 2009

Felicidades Espanyol

Estamos de celebración. Hoy, 28 de octubre de 2009, nuestro querido y siempre Mágico Espanyol cumple 109 años y, pese a todo y a todos, incluidos algunos pericos, podemos decir que goza de buena salud. No perfecta, pues son muchos los achaques (y ataques) padecidos en este poco más de un siglo que ha transcurrido desde que nació, pero buena al fin y al cabo ya que, pese a que en más de una ocasión hemos pensado que se nos iba al hoyo sin remisión, al final, siempre consigue recuperarse.

109 años ya, y parece que fue ayer que celebrábamos su centenario, y antes de ayer que yo empecé a seguirlo con pasión, y casi ni me acuerdo de cuando fue eso. Y es que el tiempo vuela y lo que empezó siendo una ilusión adolescente, la de ver al Espanyol ganar La Liga, no pudo ser en los ochenta (aunque cerca estuvimos), tampoco en los noventa y, mucho me temo, tampoco lo será en esta primera década del siglo XXI. Por desgracia, La Liga cada vez está más cara y si ya históricamente ha sido cosa de dos, con algún outsider esporádico de tanto en tanto, ahora el ganarla es casi una misión imposible.

Aun así, y como ya comenté en otra ocasión, yo no pierdo la ilusión de verlo campeonar algún día pues la fe, es lo último que se ha de perder. Aunque, ¿quién sabe?, puede que en mi caso eso sea hasta contraproducente ya que, ¿quién me dice a mí que llegado ese momento no piense que ya no valga la pena continuar, y lo deje de una vez por todas?. No en vano, y como reza un antiguo y sabio proverbio japonés; “es mejor viajar lleno de esperanza que llegar”, por lo que tal vez, y una vez cumplido ese casi utópico objetivo, hasta es posible que diese por zanjada mi etapa como hincha españolista.

En cualquier caso, y mientras espero paciente a ver si llega o no ese glorioso día y que es lo que decido entonces, lo que si deseo es poder seguir celebrando uno a uno todos los años que, cada 28 de octubre, vaya cumpliendo el R.C.D.E. 1900

Moltes felicitats Espanyol, i que siguin molts mes.

miércoles, octubre 21, 2009

Pericos Ibiza

Fue el pasado jueves día 15. Mientras que entre el representante, los directivos, el jugador y el presidente (por este orden) se encargaban de ir liándola parda durante la semana con el affaire Tamudo, creando de paso un enorme cisma en la afición, en la sala de prensa del estadio de Cornellá-El Prat, y aprovechando la Asamblea General Ordinaria de Peñas del Espanyol, se oficializaba el alumbramiento de una nueva peña blanquiazul, PERICOS IBIZA, la cual, nace con el principal objetivo de intentar aunar esfuerzos y aglutinar un poco el sentimiento españolista entre los siempre tan desperdigados pericos de esta isla.

De momento no es que seamos demasiados, unos diez, pero si todo va bien, esperamos poder doblar la cantidad en no mucho tiempo. Además, ya disponemos de un bar-restaurante, SES CAMPANES, en el que, gustosamente, se han ofrecido a comprarnos todos los partidos que juegue nuestro Mágico, ya sean en PPV o en GolTV, por lo que, a partir de ahora, cualquier españolista foráneo que esté de paso por nuestro islote y quiera ver un partido no tiene más que ponerse en contacto con nosotros, bien a través de este blog, o bien a través del que, cuando se me quite la galbana otoñal que tengo encima, crearé en los próximos días.

Decir también, que entre nuestras primeras medidas para conseguir financiación esta la de, cómo no, vender lotería de Navidad, por lo que ya os aviso a todos los que leáis esto que no hace falta que compréis ningún décimo o papeleta por ahí, ya que, a buen seguro, el número premiado este año será el nuestro. Siento desilusionaros de este modo pero eso sí, si alguien quiere ser partícipe de nuestra suerte no tiene más que decirlo, que por la módica cantidad de 5 euritos por papeleta, una minucia oiga, le podemos vender toda la que quiera.

(No busques más, que esta es la que tocará)

Mientras tanto, y a la espera de que la lotería nos saque de pobres, el próximo sábado ya haremos una visita en grupo a SES CAMPANES, ya que, pese a que el partido es en abierto, la hora es ideal para acercarse allí a degustar unas magníficas tapas previas a la victoria (o lo que sea que hagamos) contra el Sevilla.

Aunque a decir verdad, lo que realmente espero es, mas pronto que tarde, poder escribir acerca del primer desplazamiento que como peña podamos efectuar, ya sea a cualquier campo de España o al propio Cornellá-El Prat, pues ese, es otro de los grandes objetivos que nos hemos marcado para esta temporada.

Está por ver si lo conseguimos.

sábado, octubre 17, 2009

Desganado

Hay veces, por desgracia muchas más de las que serían de desear, que a uno se le desvanece por completo la ilusión por escribir alguna historia, anécdota o reflexión que tenga tan siquiera algo que ver con el Espanyol. Esta semana, sin ir más lejos, ha sido una de esas veces porque cuando ya tenía un par de temas empezados, a los que tan sólo faltaba darles un poco de forma antes de poder colgarlos en el blog, al ver el bochornoso espectáculo montado por el Club se me han quitado por completo las ganas de terminar de escribirlos.

Y cuando hablo de Club, lo hago en el más amplio sentido de la palabra, o lo que es lo mismo; presidente, directivos, jugador y, cómo no, afición. Sobre todo, porque tras leer las declaraciones y contradeclaraciones públicas de las dos partes implicadas, (directiva y jugador) y los comentarios vertidos al respecto por los aficionados en los distintos foros de opinión, divididos entre los "pro" y los "anti", se me hace difícil el seguir creyéndome, ni aunque sea por un sólo instante, el que seamos esa “Força d’un Sentiment” que reza nuestro eslogan, y de la que tanto alardeamos.

Y es que creo que con esta historia, todos, pero absolutamente todos los estamentos del club, de un modo u otro, salen perjudicados pero lo que es muchísimo más grave es que, por encima de cualquier persona o personaje, el peor parado del asunto, y a pesar de no ser de carne y hueso, tiene un nombre y unos apellidos muy claros; Real Club Deportivo Espanyol de Barcelona.

Ese, y no otro, es el que, a la postre, acabará pagando todos los platos rotos esta semana por algunos insensatos que podían, y debían, haber elegido otra manera muy distinta de hacer las cosas.

Y si no, al tiempo.

(Imagen del post, cortesía d'en Txamet)

viernes, octubre 09, 2009

De l'encís al somni

Fue el pasado 15 de agosto. Mientras revisaba un extracto bancario, vi un cargo de 6 euros proveniente del R.C.D. Espanyol de Barcelona S.A.D. que no sabía a qué se debía. De hecho, la renovación del carné de socio la había pagado, no, mejor dicho, me la habían descontado ya a finales de junio y además, tampoco me sonaba haber comprado nada en la tienda on-line en el último mes. Sea como fuere, al ser un cargo tan pequeño y pensando también que igual se debía a algún tema relacionado con el cambio de estadio, como que no le di mayor importancia.

A los pocos días, no obstante, el misterio quedó desvelado. Al descargarme todos los recibos del mes por internet, vi que el cargo se debía a la “Cuota de colaboración con la Fundación del R.C.D. Espanyol”, a la que, aunque ya no lo recordaba, me di de alta la temporada pasada. No por nada en especial, sino porque quería conseguir el fenomenal D.V.D. que dieron entonces. Y cuál fue mi sorpresa, cuando leí en el recibo que, a partir del día 7 de septiembre, podría pasar a recoger por el P.A.S. el libro que daban para esta campaña, “De l’encís de Sarrià a la magia de Cornellà”, lo que parecía hecho aposta porque justo el día 12 yo iba a estar en Cornellá con motivo del primer partido oficial en el nuevo estadio.

Sin embargo, y como no siempre se puede tener tanta suerte, al final la entrega del libro se acabó retrasando por querer incluir sus autores, Manuel Fanlo y Manuel Cabezón, varias fotos de Jarque en su recuerdo. Así, al no poder conseguirlo aquel día, no me quedó más remedio que, como tantas otras veces por culpa de algo relacionado con el Espanyol, echar mano de mi hermana pequeña, la cual, tuvo a bien acercarse por el estadio la semana pasada a retirar mi ejemplar.

Y ya con el libro en la mano, tengo que decir que es precioso. Con unas espectaculares instantáneas de cuando el fútbol era otra cosa, no sé si mejor o peor, pero otra cosa muy distinta a lo que es ahora, a través de sus páginas se va recorriendo lo que han sido los 86 años que han pasado desde que pisamos Sarriá por primera vez, hasta nuestra llegada a la tierra prometida de Cornellá, pasando por Montjuic. Unas fotos que son historia viva del españolismo y de sus protagonistas, desde los míticos Pitu Prats, Zamora, Martorell o Teruel, a los que algún día también veremos como míticos, si es que no los vemos ya, Arteaga, Pochettino, Tamudo o Ferran Corominas entre otros. Unas fotos asimismo que, como no podía ser de otra manera en estos correctísimos tiempos en los que vivimos, son de una pulcritud exquisita y casi inmaculada, algo difícil de conseguir en las del Sarriá de los años 80 (aunque alguna que otra cosilla sí que se les ha pasado) y en las que, aparte de aventuras pericas, se recogen también otros acontecimientos históricos vividos como fue aquel Mundial de ESPAÑA 82, en el que nuestra añorada bombonera tuvo la suerte de acoger a tres de los mejores equipos del torneo; Argentina, Brasil y el que a la postre sería el campeón, Italia.

Aun con todo, y por ponerle alguna pequeña pega, yo le pondría hasta tres. La primera su diseño, ya que es un libro hecho a lo ancho y no a lo alto, lo cual está muy bien porque permite ver algunas fotografías a un gran tamaño, DIN-4 en horizontal para entendernos, pero dificulta su colocación en cualquier estantería, pues sobresale respecto a los libros estándar. La segunda sus tapas, de cartón fino y fácilmente rompibles, sobre todo si uno es un poco manazas o, como también es mi caso, tiene dos criaturillas en casa a las que les gusta jugar con todos los libros que caen en sus manos. Y la tercera, y esa sí que la veo más criticable, su precio de venta a todos aquellos pericos que no pertenezcan a la Fundación, 25 eurazos del ala, que a mi modo de ver, son excesivos para un libro de ese tamaño (tampoco es muy grande que digamos) y que además está patrocinado hasta por tres sponsors distintos.

Pero salvando esos ínfimos detalles, y si alguien está dispuesto a hacer el desembolso, me parece un libro más que interesante y muy recomendable para todos aquellos a los que, por vicio o por placer, nos gusta coleccionar estas pequeñas cosillas relacionadas con nuestro siempre querido Mágico Espanyol.