
Recuerdo la primera vez que oí la posibilidad de que Iván de la Peña jugase en el Espanyol. Corría el verano del 2002 y veníamos de hacer otra más de esas campañas tan mediocres a las que tan acostumbrados estamos los pericos. En concreto, habíamos acabado el campeonato en un tristísimo catorceavo puesto tras perder en casa la última jornada frente al Málaga, en lo que vino a significar además el adiós de Paco Flores en el banquillo españolista. Aquella, no fue sino otra de esas temporadas en las que tras su finalización, uno soñaba despierto con la posibilidad de que, esta vez si, el club acertara de una vez por todas con ese “Crack” que jugara e hiciera jugar al equipo y que tanta falta nos hacía. Y de pronto, sonó el nombre del calvo.
La verdad, y pese a que quería hacerlo, al principio no me lo creí en absoluto. Iván, y pese a su pasado culé, era uno de esos jugadores a los que yo admiraba, pues siempre había visto en él ese “algo especial” que lo hacía distinto a los demás. No en vano, ya en su día fue el propio Ronaldo (el gordito) quien dijo que de todos los jugadores con los que había jugado, el calvo era, sin duda, con el que mejor se había entendido dentro del campo. Por eso, y aunque viniese de un periplo no muy exitoso tras su salido del Barça, que incluía Lazio, Olympique de Marsella, retorno al Barça y vuelta a la Lazio de nuevo, no acababa de creerme que un jugador de ese nivel, y que por esa época contaba con 26 años de edad, pudiese acabar vistiendo nuestra camiseta.
Y, efectivamente, durante muchas semanas aquello no fue más que una de esas típicas serpientes de verano en las que, al final, todo se va al traste. Sobre todo, porque llegados a la última semana antes del inicio de la liga (y por tanto asimismo del cierre del mercado de fichajes) Iván parecía tener los dos pies en el Betis. Pero cuando menos se esperaba, el asunto dio un giro de 180 grados y el día 27 de agosto se publicaba en la prensa que el jugador rechazaba la oferta bética y que podría fichar por el Espanyol. Y apenas dos días después, y para mi sorpresa, Iván pisaba el césped de Montjuic con la elástica blanquiazul.
A partir de ahí, todos sabemos la historia. Un gran primer año (pese a la desconfianza inicial de algún que otro entrenador) y que tuvo, curiosamente, a Javier Clemente como su gran valedor. Después vino la no renovación, su repesca en el mercado de invierno y una segunda vuelta excepcional (en la que gracias a la sociedad que formó con Tamudo dentro del terreno de juego conseguimos salvarnos del descenso), el primer año de Lotina, la copa del Rey, la Uefa, la impresionante primera vuelta de la 07/08 y, cómo no, los últimos diez partidos de la temporada pasada, en la que un Iván recuperado fue una de las piezas claves de nuestra milagrosa salvación. Antes, además, nos había regalado una de las noches más felices que cualquier perico puede recordar.
Sin embargo, y como no puede ser de otra manera en el Espanyol, siempre hay un “pero”, y en este caso no es otro que el de sus innumerables lesiones. Que Iván se lesiona más que juega es algo que, en las últimas tres temporadas, no se puede cuestionar. Los números son inapelables y cantan por si solos. De hecho, recuerdo como este mismo verano, y cuando el club estaba tratando su renovación, dejé un comentario en P.O.L. diciendo que yo la vería bien, por supuesto, pero que me gustaría un contrato por partidos jugados. Ojo, siempre y cuando los no jugados lo fuesen por esas malditas lesiones musculares de las que tanto recae, nunca por otros motivos. Eso sí, no fue más que un comentario de cómo veía yo la cosa, pues dudo mucho que un futbolista pueda llegar a firmar un contrato similar, aunque sí es cierto que han habido futbolistas que, en situaciones similares, renunciaron a su sueldo mientras estuviesen lesionados, uno de ellos incluso en el Espanyol, pero eso ya es otra historia.
Y es que no sé si la ficha de Iván será la primera, la segunda o la quinta de la plantilla, pero lo que sí me imagino es que será alta, y mucho más, si se divide por partidos jugados. Que tener a Iván en nuestra plantilla es un lujo es algo que no se le escapa a nadie pues, en condiciones, sigue siendo uno de esos futbolistas por los que vale la pena pagar una entrada, pero el problema es que no lo está, por lo que nos encontramos con que uno de los puntales del equipo, no puede apuntalar al mismo. Y eso, por más que nos pese, es también otro lujo que el Espanyol no se puede permitir.
Por eso, mucho me temo que ésta que está en juego será la última temporada que podamos disfrutar de la magia del calvo defendiendo nuestros colores, ya que, a pesar de que aún le quedaría otro año más de contrato, dudo mucho que si no alcanza a jugar ni tan siquiera una tercera parte del campeonato (camino lleva de ello) tengas fuerzas, ya no físicas sino mentales, para intentarlo la próxima campaña.
En cualquier caso, y llegado el momento de su adiós, sea cuando sea, siempre lo consideraré como uno de los mejores jugadores a los que, por mi edad, he visto jugar en el Espanyol. Hasta entonces sólo espero que se recupere lo antes posible y que, en los partidos que pueda acabar jugando esta temporada, nos deleite como ha hecho casi siempre.
Ánimo Iván, somos muchos los que, impacientes, esperamos tu regreso.





