"Casi toda la mañana del sábado la pasé en la clínica. Era un día señalado, ya que se trataba del cumpleaños de mi madre, por lo que me las arreglé como pude para escaparme cinco minutos a comprar un bonito ramo de flores y entrarlo en la habitación sin que nadie se diera cuenta, a fin de que mi padre se lo pudiese regalar a su esposa, tal y como acostumbraba a hacer en cada cumpleaños o aniversario. Ya por la noche, y cuando todos se hubieron marchado, me quedé de guardia en el hospital, pues a Silvia le iba mejor el quedarse a la noche siguiente. Tras la cena, acerqué un butacón a la cama de mi padre y ambos nos dispusimos a ver el partido que daban en abierto por la tele, un a priori interesante Atlético de Madrid–Valencia, y que conforme avanzaban los minutos se iba haciendo cada vez más flojo. A decir verdad, sólo yo seguía el encuentro con cierto interés, ya que mi padre, y al igual que hacía siempre, se limitaba a echar alguna pequeña ojeada al televisor sin dejar de leer la prensa en ningún momento. Al terminar el fútbol, me di cuenta de que mi padre se había quedado dormido, por lo que comprobé que la regulación de oxígeno fuese la correcta, apagué la luz y salí al balcón, pues yo, incapaz de dormir ya más de tres ó cuatro horas seguidas desde que me enterara de la gravedad del asunto, apuraba las madrugadas oyendo la radio.
6 comentarios:
Un abrazo ENORME amigo. Casta.
Éste es de los realmente tristes.
Un abrazo Emilio.
No puedo decir más, que un fuerte abrazo Emilio.
por lo menos se fue sabiendo que estabas a su lado,saludos y animos
Coño Emilio!! Dentro de la tristeza, un relato INMENSO!!
Un fuerte abrazo,
César
Gracias Casta. Llevo unos días que ni pa qué. En fin, ya tu sabes.
Dani, me temo que mi novela es bastante triste. Con algún que otro motivo para la risa, pero triste en líneas generales.
Albert, muchas gracias.
Pericogranollers, fue casualidad, pues justo murió la madrugada del sábado al domingo, y aprovechando el finde mi hermana y yo quisimos relevar a mi madre. Y bueno, a mí me tocó el sábado, y pasar junto a él sus últimas horas de vida. Lo cierto es que lo celebré. Más que nada, porque creo que para mi madre hubiese sido un palo muchísimo más duro aún.
Gracias Cesar. Lo cierto es que me costó escribirlo, pues era rememorar demasiado los sentimientos, pero bueno, lo hice lo mejor que pude, y con eso me basta.
Publicar un comentario en la entrada