
Hace poco menos de dos años que, al igual que haré mañana, también viajé a barna tan sólo para estar presente en el derbi. Vamos, nada extraño, pues si hay un partido al que no he faltado desde finales de los noventa (salvo causas de fuerza mayor) ese ha sido éste, lloviera, nevara o fuésemos últimos en la clasificación y oliendo a muerto, que diría “Tintín” Márquez. El caso, no obstante, es que el de hace dos años no fue un derbi más, sino que fue especial por dos razones muy significativas. La primera, y hablando en el ámbito deportivo, porque el de aquel día iba a ser el primer derbi que se jugaría en Cornellá-El Prat, y ese, se quiera o no, es uno de esos datos históricos que ya quedan para siempre en los libros de historia. O por lo menos en los de nuestra historia particular como españolistas. La segunda razón, sin embargo, ya es mucho más personal, y es que para una ocasión tan especial hice que me acompañara Eva, mi hija mayor y que por aquel entonces aún no había cumplido los siete años. Fue toda una sorpresa para ella, pues no le dijimos nada hasta que llegamos al aeropuerto y del maletero sacamos su maletita, dándole una inesperada e inmensa alegría, pues lo último que se imaginaba ella esa mañana cuando salimos de casa es que iba a acabar pasando el día en Barcelona. Obvia decir que al derbi no la llevé, pues ese no es, ni de lejos, el mejor partido para llevar a una niña pequeña a la grada de La Curva y ni tan siquiera a las pastillas laterales, pero lo que si hicimos nada más aterrizar en El Prat y ser recogidos por mi hermana, que por aquel entonces aún vivía por allí, fue acercarnos al estadio para que la cría pudiese ver el flamante campo nuevo del Espanyol, aunque a decir verdad, aquello me hizo más ilusión a mí que a ella. La anécdota final de aquel viaje fue cuando al día siguiente, al llegar al aeropuerto, nos encontramos con que nuestro avión no podía despegar debido al humo de aquel volcán islandés que tanto lío causó por toda Europa esa semana, y que nos obligó a prolongar nuestra estancia en Barcelona hasta las diez de la noche, hora en la que pudimos coger un barco con el que regresar a Ibiza. Vamos, toda una odisea para una niña de seis años, que al día siguiente explicaba emocionada a sus amiguitas del cole cómo se había ido en avión a Barcelona y regresado a Ibiza un día después en un barco muy grande y durmiendo en un camarote chulísimo.
De eso, como he dicho, han pasado ya casi dos años, y si me he acordado ahora no ha sido por lo inminente de un nuevo derbi, sino porque, por casualidad, el pasado 3 de enero entré en P.O.L. a ponerme al tanto de la actualidad del equipo, y con lo que me encontré fue con una foto que colgué hace tiempo. Una foto tomada en el aeropuerto de Ibiza poco antes de partir aquel día que me fui con Eva al derbi y que ya ni recordaba, pues se debió quedar olvidaba junto a tantos otros recuerdos de mi antigua vida que, por una u otra cosa, no pude llevarme conmigo.

Este recuerdo, por lo menos, lo he podido recuperar, y ahora sólo espero a que mi hija crezca lo suficiente como para, en un futuro, poder llevarla a disfrutar de verdad de un derbi.
4 comentarios:
Mí apreciado : La historia no se borra. Así de simple. Lo que fue, fue, aunque ya no sea. Jamás he comprendido que borrando una estatua se piensen que se borran años de historia. Y va bien que deje algo, para que no se borren los orígenes de quien ha venido después, fruto de ese encuentro. Habla de Eva. Y habla de su hija ( o entreveo que lo es, sino no la pondría en la foto ). Este también será un derbi especial. Estará ud y su hija. No borre nada. El tiempo se encargará de hacerlo. Un abrazo. Y si no se gana, que al menos se caiga con firmeza. Salut Un placer. Miquel
Una gran sorpresa que seguro que ella tampoco olvidará jamás.
Mañana otro gran día para ser recordado.
Un abrazo y a ver si nos vemos por la Penya de Cornellà.
Gran historia!
Seguro que tu hija podrá ver ganar muchos derbis en Cornellà.
Un abrazo... y espero poder saludarte mañana.
A ver si hoy nos podemos ver. Serà un buen comienzo para preceder la victoria.
¡Un abrazo!
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